La inteligencia artificial generativa está obligando a las instituciones educativas a reconsiderar una de las actividades más tradicionales de la escuela: la tarea.
Herramientas capaces de generar textos, resolver ejercicios, resumir información, traducir documentos y escribir código pueden realizar en segundos actividades que anteriormente requerían horas de trabajo de un estudiante.
Esta situación no significa necesariamente que las tareas escolares hayan perdido su utilidad, pero sí plantea la necesidad de revisar qué tipo de actividades tienen sentido en un contexto donde los alumnos tienen acceso a herramientas de inteligencia artificial.
El tema fue analizado durante 2026 por diferentes especialistas en educación. En una jornada organizada por el Grupo Techint, la especialista en Tecnología Educativa Mariana Maggio sostuvo que prácticamente cualquier tarea escolar tradicional puede ser resuelta mediante herramientas gratuitas de inteligencia artificial.
La afirmación plantea un problema educativo concreto.
Si un estudiante recibe como tarea escribir un resumen sobre un tema determinado, actualmente puede introducir el texto en una herramienta de IA y obtener una respuesta prácticamente inmediata.
Lo mismo puede ocurrir con una traducción, una explicación de un concepto o incluso determinados ejercicios de programación.
Por este motivo, una evaluación basada únicamente en el producto final puede dejar de ser suficiente para determinar cuánto aprendió realmente el estudiante.
Una posible respuesta consiste en cambiar el tipo de actividades.
En lugar de solicitar solamente un resultado final, los docentes pueden pedir que los estudiantes expliquen el proceso utilizado, defiendan sus decisiones, comparen diferentes fuentes o desarrollen un proyecto durante un período más extenso.
La IA puede seguir estando presente, pero el estudiante tiene que demostrar que comprende lo que está haciendo.
Mariana Maggio plantea, por ejemplo, la posibilidad de desarrollar proyectos originales que requieran construir una solución para un problema real. También propone trabajos de mayor duración, con diferentes entregas parciales y revisión durante el proceso.
Este enfoque modifica el papel de la evaluación.
El objetivo ya no sería comprobar únicamente si el alumno puede producir una respuesta correcta, sino conocer cómo llegó a ella.
Esto puede ser especialmente importante en materias como programación.
Un estudiante puede pedirle a una inteligencia artificial que escriba un programa completo. Sin embargo, si posteriormente tiene que explicar qué hace cada función, detectar un error o modificar una parte del código, necesitará comprender el funcionamiento del programa.
La inteligencia artificial puede entonces convertirse incluso en una herramienta para aprender.
Un alumno puede pedirle a una IA que proponga una solución y posteriormente analizarla críticamente.
Puede encontrar errores, compararla con otra alternativa y determinar cuál es más apropiada.
En este escenario, el docente adquiere una función fundamental.
La IA puede generar información, pero no necesariamente puede determinar si esa información es adecuada para el objetivo educativo.
El docente debe establecer qué se espera aprender y qué criterios deben utilizarse para evaluar el resultado.
La aparición de estas herramientas también plantea un debate sobre la importancia de las tareas tradicionales.
Una actividad que durante años tuvo como objetivo que el estudiante buscara información puede tener un valor diferente cuando una IA puede realizar esa búsqueda y sintetizarla rápidamente.
Por eso, algunas actividades podrían desplazarse hacia tareas que requieran interpretación, creatividad, investigación original o aplicación práctica.
Esto no implica que la memorización o la ejercitación hayan dejado de ser útiles. Existen conocimientos fundamentales que necesitan práctica y consolidación.
El problema aparece cuando una actividad pretende evaluar una habilidad que la herramienta tecnológica puede realizar completamente sin que el estudiante comprenda el procedimiento.
La cuestión también afecta a las universidades.
Los estudiantes universitarios utilizan cada vez más herramientas de IA para programación, redacción, investigación y análisis de información.
Las instituciones educativas necesitan establecer criterios claros sobre cuándo su utilización constituye una herramienta legítima de aprendizaje y cuándo reemplaza el trabajo que debería realizar el estudiante.
El desafío es particularmente importante porque la tecnología continúa evolucionando.
Una actividad que hoy puede parecer difícil de automatizar podría ser fácilmente realizada por una IA dentro de algunos meses.
Por eso, la educación necesita desarrollar métodos de evaluación que no dependan exclusivamente de una tarea concreta.
El proceso de aprendizaje adquiere una importancia mayor.
La inteligencia artificial no necesariamente elimina las tareas escolares. Puede provocar que las instituciones tengan que preguntarse cuál es su verdadero objetivo.
Si una actividad solamente busca obtener una respuesta que una máquina puede generar instantáneamente, probablemente sea necesario replantearla.
Si, en cambio, la actividad exige investigar, experimentar, tomar decisiones, crear y justificar un resultado, la IA puede convertirse en una herramienta más dentro del proceso.
El desafío educativo no consiste entonces simplemente en prohibir o permitir la inteligencia artificial.
Consiste en diseñar experiencias en las que el estudiante continúe teniendo un papel intelectual activo.
Fuentes consultadas:
LA NACION – Cómo está impactando la IA en el aprendizaje
Infobae – El fin de los deberes: la IA obliga a repensar las tareas para el hogar