
La incorporación de inteligencia artificial en las escuelas está generando una transformación que no afecta solamente a los estudiantes. Los docentes también necesitan adquirir nuevas competencias para comprender una tecnología que puede modificar las formas de enseñar, evaluar y producir materiales educativos.
Argentina comenzó a desarrollar diferentes iniciativas destinadas a acompañar a los docentes frente a este escenario.
Una de las iniciativas más recientes fue anunciada en junio de 2026. La Fundación Sadosky implementará el programa Experience AI, desarrollado por Raspberry Pi Foundation junto con Google DeepMind, con el objetivo de capacitar a 1.600 docentes y alcanzar indirectamente a aproximadamente 144.000 estudiantes.
La dimensión del programa permite observar la magnitud del desafío. La incorporación de IA no puede depender únicamente de que cada docente investigue individualmente cómo funcionan las nuevas herramientas.
Es necesario desarrollar formación específica.
El objetivo no consiste solamente en enseñar a utilizar un chatbot. Un docente necesita comprender conceptos como modelos de inteligencia artificial, generación de contenido, sesgos, privacidad, verificación de información y limitaciones de los sistemas.
También necesita comprender cómo estas tecnologías pueden incorporarse dentro de una planificación pedagógica.
En 2025, el Instituto Nacional de Formación Docente organizó un ciclo de formación denominado “La formación docente en tiempos de inteligencia artificial”, que contó con más de 2.500 inscriptos. Los especialistas Mario Cwi y Paola Dellepiane participaron como responsables de diferentes instancias del ciclo.
La formación demuestra que existe interés dentro del sistema educativo.
Sin embargo, también aparece una cuestión más profunda: la inteligencia artificial está modificando el concepto mismo de conocimiento.
Durante mucho tiempo, una de las principales funciones de una actividad escolar fue que el estudiante produjera un texto o una respuesta a partir de una investigación.
Actualmente, una IA puede generar un texto completo en segundos.
Esto obliga a los docentes a reconsiderar determinadas actividades.
Una evaluación basada exclusivamente en producir un texto puede ser insuficiente si el estudiante puede automatizar gran parte del proceso.
En consecuencia, pueden adquirir mayor importancia las actividades donde el alumno tenga que explicar sus decisiones, defender una postura, resolver un problema práctico o demostrar cómo llegó a una determinada conclusión.
La inteligencia artificial no elimina la necesidad del docente. En determinados aspectos, puede hacer que su función sea todavía más importante.
Un estudiante puede obtener diez respuestas diferentes de una IA, pero necesita criterios para determinar cuál es correcta.
El docente puede aportar precisamente ese marco conceptual.
La formación también debe incluir aspectos éticos.
Los docentes necesitan saber qué información puede introducirse en una plataforma, qué datos deberían mantenerse privados y cómo evitar que una herramienta automatizada reproduzca prejuicios o información incorrecta.
La Secretaría de Educación argentina plantea dentro de PAIDEIA una perspectiva centrada en la persona para incorporar inteligencia artificial desde la educación primaria hasta la secundaria.
La propuesta busca que los estudiantes no sean simplemente usuarios de tecnologías, sino personas capaces de comprenderlas y participar activamente en una sociedad donde tendrán una presencia cada vez mayor.
Para alcanzar ese objetivo, los docentes necesitan contar con herramientas suficientes.
También existe una dimensión positiva relacionada con la carga de trabajo. Algunas tareas repetitivas pueden ser asistidas por herramientas de IA, como la generación de borradores, la organización de materiales o la elaboración de ejercicios.
Esto no significa automatizar la enseñanza. El criterio profesional del docente continúa siendo necesario para revisar los contenidos y determinar si realmente son apropiados.
La tecnología puede acelerar determinadas tareas, pero no conoce necesariamente las características particulares de cada grupo de estudiantes.
Un docente sí puede identificar que un determinado curso necesita más tiempo para comprender un concepto o que determinada actividad genera mejores resultados.
La combinación entre conocimiento pedagógico y herramientas tecnológicas puede ser más poderosa que cualquiera de los dos elementos por separado.
En este contexto, capacitar docentes se convierte en una política educativa estratégica.
No alcanza con proporcionar computadoras o acceso a plataformas. La tecnología necesita estar acompañada por conocimiento profesional.
El verdadero desafío será conseguir que la inteligencia artificial no genere una nueva brecha entre instituciones con docentes capacitados y aquellas que no tienen acceso a formación suficiente.
La capacitación debe llegar a diferentes regiones y niveles educativos.
La iniciativa anunciada para 2026 representa un paso en esa dirección, pero el proceso probablemente deberá continuar durante los próximos años.
La inteligencia artificial está avanzando rápidamente. Los modelos, herramientas y métodos de utilización cambian constantemente.
Por eso, la formación docente no puede ser una actividad aislada que se realiza una sola vez.
Necesita convertirse en un proceso continuo.
La escuela del futuro probablemente tendrá inteligencia artificial, pero seguirá necesitando docentes.
La diferencia estará en si esos docentes cuentan con los conocimientos necesarios para convertir la tecnología en una herramienta educativa y no simplemente en una novedad.
Fuentes consultadas:
• Argentina.gob.ar – Capacitación de 1.600 docentes en inteligencia artificial, junio de 2026.
• Argentina.gob.ar – Formación docente en tiempos de inteligencia artificial, 2025.
• Argentina.gob.ar – Programa PAIDEIA.
• Educ.ar – Cursos 2026 sobre inteligencia artificial y alfabetización para docentes.